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Vaya aquí la crítica de la compañera Ana Centellas, cuyo blog sigo desde hace un tiempo (1) y que siempre me ha parecido la obra de una mujer cuya escritura me resulta muy agradable de leer. En sus relatos cortos, sus fragmentos de historia, sus proclamas esporádicas, Ana muestra una prosa limpia, directa, que conecta con el lector y sabe describir las emociones en primer lugar, y las situaciones, después.

cubierta

Ilustración del libro.

Subordina Ana, pues, la acción a la interiorización de la voz de la narradora que se convierte, de normal, en altavoz de la personaje sobre la que escribe, muchas veces, un trasunto de ella misma sobre todo, como le decía ayer mismo, cuando se pone “seria” y habla de temas que se convierten en un reflejo dramatizado de una realidad que debe visibilizarse, analizarse y cambiarse (2)

Hasta ahora, no he dicho nada de la novela. Así que toca ir empezando.

Lo que cuenta la novela es el viaje (sentimental y geográfico) de Marina, la cual rompe con una relación sentimental y encuentra el amor en otra persona, lo que la llevará, además, a cumplir una serie de deseos anhelados y que ya creía imposibles de cumplir. En mis reseñas no destripo argumentos, así que no diré mucho más al respecto, salvo lo que pueda salir para explicar algunas cosas.

Es decir, que es una novela romántica. Y, como ya le dije a la autora, no soy de este tipo de literatura, pero, atraído por la prosa de su blog, me decidí a hacer una pausa entre tanta ci-fi, fantasía y ensayo. Y he de decir que no me arrepiento: es una lectura ligera, lo que no quiere decir desechable, que se lee con facilidad y cuya trama no será el summum de la originalidad, pero que entretiene, y, lo que es más, engancha gracias a esa forma de escribir de Ana, directa y con recurso al diálogo (3)

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He aquí la autora.

 El plantel de personajes también es variado; aunque en algunos de ellos se advierte cierta estereotipia, en general ofrecen un microcosmos interesante entre los que destaco a Pascualín, el Saxo, y Mr. Potato (4).

Ahora en serio.

La pandilla de amigas, sostén emocional de Marina en la ruptura, salvo en el caso de Carla, están un poco desdibujadas, aunque ese problema se solventa al final dedicándoles un poco más de espacio. Víctor, el nuevo amor de la protagonista, es digno de tener una estatua o algo: guapo, comprensivo, cariñoso, amable, paciente… todo un partidazo. Sin embargo, tal compendio de características envidiables no empalaga, y se presenta como un tipo majete, con el que me echaría unos chatos (o me iría al cine si fuera mujer). Hay un niño por ahí que no carga, lo cual es lo único que pido a los infantes en las obras que leo/veo, así que bien por él; podría haberse convertido en un escollo en la relación de Marina y Víctor, pero, al final, es una gota más del pegamento. Los dos personajes mayores, de los que no hablaré más porque hay giro de guión y sorpresa, crean un gracioso paralelismo, aunque quizá están tratados con excesiva premura (5)

En cuanto a Hugo, me cayó mal desde el principio. Si esa era la intención de Ana, conseguido. No puedo con los workaholics, lo siento. Sin embargo, su evolución en la novela la veo un tanto errática. Por muy a cliché que suene, estuve pensando en que habría una confrontación final (6) que zanjara la salida de Hugo del texto. Hay un diálogo con Marina, una escena de derrumbamiento sicológico de él, pero sigo pensando que queda un poco forzado. Es posible que haber exacerbado un poco la reacción de Hugo hubiera añadido un matiz más de villanía en su descenso al fracaso sentimental y que hubiera hecho que quien lo leyera respirara aliviado al perderlo de vista. Hugo parece quedar en un limbo…

Y por último, Marina, la protagonista absoluta del libro. En todo momento, la narradora está a su espalda, contándonos sus impresiones e interiorizando sus sentimientos y pensamientos, como Ana acostumbra. Eso es un acierto, al no crear demasiados focos de atención que pudieran desconcentrar en la lectura, aunque dé cierto sesgo, ganando en claridad. Como he comentado, Marina evoluciona como persona y su vida cambia, de modo tal que tanto en sus frases como en sus pensamientos se ve que no es la misma a la que acompañamos desde la primera página. Una evolución, pues, conseguida.

En cuanto a los acontecimientos en sí, hay uno que me chirría especialmente. En realidad, dos, los cuales tienen que ver con, parafraseando el título, el otro lado del Estrecho. Hay una adopción de una niña que ha llegado a las costas de Cádiz y una madre que se fue a hacer las Áfricas (que no las Américas), pero ambos sucesos están tratados muy de puntillas. La niña, según mi humilde opinión, se merecía alguna escena más que permita a quien lea el libro empatizar más (todavía) con su triste condición. Cierto que así no podría recurrir a la noticia sorpresa que le da Víctor, pero me da la impresión de haber quedado un poquito coja la cuestión. Incluso se podría haber establecido un paralelismo (como lo hace la autora con los padres de Marina) entre la madre de Martín y la niña adoptada (7)

Por seguir con algunos problemillas, comentaré lo que nos pasa a aquellos que autoeditamos: al no tener editores que revisen de modo profesional, podemos cometer fallos que, por supuesto, no hacen daño al texto (8) y que son perfectamente excusables porque no se puede exigir el mismo nivel de perfección formal a un texto de estas características (autopublicado, indie) que a uno de una editorial por el que te clavan veinte ñapos (con suerte). Y es que, por muchas veces que repasas un texto, y aunque cuentes con ayuda de lectores beta, algo se te pasa. Indefectiblemente.

En resumen, A este lado del estrecho es una novela romántica ligera, de fácil lectura y personajes simpáticos, en el que el conflicto no es excesivo y prima el optimismo como filosofía de vida a pesar de una situación inicial más bien grisácea para la protagonista. Un ebook de una autora novel que se siente orgullosa de su texto y que, personalmente, me gusta como escribe, así que… ¡Recomendado y a por la siguiente novela que dices ya estar madurando y preparando, Ana!


1: Poco después de empezar con el mío, en realidad. Fue uno de los primeros que seguí.

2: Me refiero al papel de la mujer en la sociedad, en la relación, allá donde esté.

3: Soy sincero, no me daba cuenta del paso del tiempo conforme la leía; por lo general, tengo bastante concepción de los minutos que llevo leyendo algo, salvo en las obras que más me entretienen.

4: Es coña, evidentemente. Pero nombrar así al coche me hizo mucha gracia y el pequeño tirano antagonista que es el jefe de Marina es tristemente normal de encontrarse en muchos trabajos.

5: Tampoco importa mucho: la historia no es la suya.

6: ¡Ojo! No me refiero a una confrontación entre el viejo y el nuevo novio de Marina dándose hostias como panes. Además de resultar negativa para una visión del empoderamiento femenino (que existe en la novela, aunque de modo ligero)

7: No recuerdo el nombre. ¡Ana, ayuda!

8: Me refiero a alguna tilde inexistente, algún guión en vez de raya de diálogo, cosas pequeñas y sin importancia. Aunque he de decir que tragué saliva al leer “tonto lava”, quizá debido al maldito corrector ortográfico del procesador de textos que tan malas pasadas juega a veces.