Seleccionar página

Tercera temporada de la serie creada por Charlie Brooker (1), para quien no lo sepa, consistente en capítulos independientes de ciencia ficción distópica, centrados en los horrores que la tecnología puede conllevar. Más que la tecnología en sí, su mal uso y abuso.

cartel

Imagen promocional.



 
charlie-brooker_portada

El creador de la criatura.

Algunas reseñas he leído por ahí que señalan que Black Mirror se ha vendido al mainstream, que no es lo mismo, que es una Twilight Zone mal copiada… No me meteré en si se tratan de opiniones fundadas o, por el contrario, son la típica reacción cultureta elitista contra un producto que se masifica.

Doy mi opinión como obra y ahí lo dejo.

Y mi opinión es, a priori, positiva, porque la producción sigue siendo cuidadosísima, los argumentos interesantes, las actuaciones y sus diálogos buenos en general… Engancha y ves los seis episodios de sopetón, quedándote con ganas de ver la segunda tanda (2)

actores

Diferentes actores y actrices de la temporada.


 

Si me centro en los argumentos, intentando hacer el menor spoiler posible, tenemos que versan sobre:

-Estratificación social en base a la puntuación obtenida en las redes sociales, una curiosa construcción de la estructura socioeconómica que posee una gran movilidad debido a la continua votación de las personas por otras personas… que conlleva una terrible carga de tensión mental para los que participan activamente buscando obtener la mayor cantidad de estrellas posible. Hay un mensaje en contra de todo el tinglado, personificado en uno de los personajes que aparece y que se basa en el muy útil “haz lo que te dé la gana sin preocuparte por lo que piensen los demás”, y que vuelve al salir al final del capítulo con un estallido catárquico que, al menos, produce cierta sonrisa frente a las ganas que te dan, como espectador, de partir las muchas caras que pululan por el episodio.

-Un divertimento sobre un videojuego de realidad aumentada que resulta ser muy real. Insisto: un divertimento. No es nada más que eso, un capítulo que parece sacado de un survival horror a lo Resident Evil que resulta gracioso y ligero, en el que el giro final es agradable, pero poco más. El más flojo de los seis, con diferencia, aunque cumple con su función evasiva.

juego

Vas a flipar con este juego.

-El chantaje al que se puede ser sometido por aquello que hacemos con nuestros móviles, ordenadores y tablets si no se tiene cuidado y se confía excesivamente en el anonimato (falso, irreal) que da estar al otro lado de la pantalla. Es un capítulo interesante, en el que destaca sobremanera el giro final que nos hace replantearnos todo el visionado y la empatía que sentíamos por el pobre chantajeado.

-Otro capítulo flojo es en el que se ha implementado una máscara que permite que los soldados combatan con mayor eficacia. Se centra en un militar novato que, en la lucha contra una suerte de infectados de nuevo cuño, descubre que la guerra no es contra el enemigo que se les manda luchar. Hay ideas interesantes y mensajes muy importantes aplicables a nuestro aquí y ahora (3), paralelismos con la grave crisis de refugiados, la población inmigrante, el adoctrinamiento por parte de los gobiernos, la lucha contra “el otro”… Pero no acaba de resolverse correctamente en lo argumental, por desgracia. Hay un buen giro argumental para que el espectador se entere, pero no acaba de cuajar.

-El fin de fiesta es un capítulo de hora y media (4) que versa sobre los drones, la ecología y, más importante, la capacidad de dañar a otras personas que nos brindan las redes sociales sin que exista ningún tipo de cortapisa o consecuencia. Si bien estoy de acuerdo con que la utilización de las redes sociales para hacer el troll es algo propio de descerebrados, el mensaje del capítulo es excesivamente moralizante (5) y su desarrollo argumental es más propio de una película policíaca, con su malo humano y todo. Digo humano porque, conforme la veía, desarrollaba una teoría acerca de la posibilidad de que las abejas mini-dron fueran “manejadas” por los hashtags de odio de las redes… pero no. Al final, es un malo un tanto simplón, muy inferior al genio cabrón del primer episodio de la primera temporada de Black Mirror, ese que obliga al Primer Ministro inglés a tener sexo con una cerda… No alcanza tampoco la categoría de muchas obras de ci-fi distópica policíaca, como Blade Runner, por poner solo un ejemplo y, aunque se deja ver, el interés por su visionado podría haber sido mucho mayor.

1

¿Cómo llevo mi ratio personal?

Espera… uno, dos, tres, cuatro, cinco… y son seis episodios. Falta uno. Lo he hecho aposta, claro. Se trata del mejor de todos ellos, San Junípero. Y es el mejor para mi gusto aunque, cuando lo estaba viendo, me resultó un poco lento en su desarrollo. Pero es que el capítulo es así: lento, pausado, lírico e intimista. Y, sorprendentemente en Black Mirror, optimista en su mensaje. Por una vez, Charlie Brooker no avisa de los posibles horrores tecnológicos, sino que cree en la tecnología como algo que posibilita una vida mejor. Muchísimo mejor que la de las dos protagonistas sumidas en una hermosa historia de amor. Un capítulo magistral, enorme, esperanzador, que se resume perfectamente en la canción (6) que suena al final del mismo, ese verso “heaven is a place on earth” de Belinda Carlisle.

Al final, resulta que disfruto con la melancolía, el pesimismo, el cinismo y los tonos grises, pero, en el fondo, deseo que el bien, las cosas buenas, sean las que prevalezcan en una obra de ficción y me muevan a sentimientos positivos y alegres tras la saturación de maldad diaria (real e irreal).

junipero

Las dos protagonistas de San Junípero.


1: En origen, para la BBC, ahora en Netflix.

2: El contrato con Netflix habla de una temporada de 12 episodios.

3: A fin de cuentas, como toda buena ci-fi, Black Mirror establece un futuro, no muy lejano en su caso, para hacer metáforas de nuestros problemas actuales.

4: El resto son más o menos de una hora.

5: En última instancia, estoy a favor de la libertad de expresión frente al derecho al honor.

6: Y qué gran cantidad de canciones suenan en el episodio, junto a las imágenes (carteles de cine, máquinas recreativas) que suponen todo un paseo por la preadolescencia, adolescencia y juventud de gente de mis años.