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¿Lo digo? ¿No lo digo? Venga sí, lo digo: Joe Abercrombie es el puto amo. En lo que se refiere a novelas de fantasía (épica, heróica, grimdark, de espada y brujería, llámese como se quiera), el inglés me fascina desde que la primera página.
Esto viene a santo de la lectura del primer volumen de El mar quebrado, titulado Medio rey, y que confirma que la fantasía con mayores toques de realismo y oscuridad que en pasadas décadas goza de una salud inmejorable, como reflejo pervertido de nuestro mundo.

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Ilustración de cubierta.



Aunque tengo que señalar que, tras la más que satisfactoria lectura de sus seis novelas del mundo de La primera ley (1), sentía cierta reticencia ante lo que se publicitaba como unas obras de Abercrombie para young adults. Si en sus libros más adultos, la sangre y las vísceras saltaban a los ojos del lector golpeándolo sin piedad en unas descripciones descarnadas y unos diálogos que brillan por su cinismo y mala leche y que provocan auténticas carcajadas culpables por hacer que te regodees en las miserias y lamentables sucesos que pasan a los personajes, no me imaginaba yo cómo el autor iba a rebajar el tono para hacerlo más, digamos… asequible a todos los públicos. O sea, que si la crudeza es marca de la casa, a lo mejor el experimento salía fallido.
Pero no. De eso, nada: Medio rey quizá no te tire espadazos a la cara y las escenas sean menos profusamente gore, pero los diálogos vuelven a ser la obra de un genio con mala baba. Los personajes sufren, se arrastran, son destrozados, se sobreponen como pueden… y vuelven a caer.
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El autor.


Evidentemente, la mucha menor extensión de la novela (2) no permite desarrollar tan pausadamente los acontecimientos como en La primera ley, pero Abercrombie, inteligentemente, opta por centrarse en los personajes a través de unos diálogos que no llegan a la maestría de Sapkwoski, por no salir del género, pero conducen la trama y muestran las características de los personajes de forma intachable.
Sí que es cierto que la elección de la narración, aunque omnisciente centrada en el personaje principal, Yarvi, limita un poco la acción y la descripción geopolítica del mundo en que transcurre la novela, y quizá sea esa la mayor concesión a la literatura young adult, ofreciendo un modelo con el que empatizar y que es, de una forma u otra, el héroe del libro.
Pero, como es Abercrombie, un héroe que a las pocas páginas está jodido. Bien jodido. Y que evoluciona de una manera espectacular, haciendo gala de una astucia y una inteligencia que, en última instancia, lo vuelven inclemente a la hora de conseguir el objetivo que se ha marcado. Un personaje con una mano deforme que, sabiendo de su limitación física, emplea su cerebro contra todo y contra todos, que muestra humanidad para con sus compañeros de fatigas, pero que no duda en comportarse como lo que el mundo ha decidido que sea: un desgraciado.
¿Es esto pues un modelo a imitar? Pueeees… no del todo, pero considerando los diferentes tipos que pululan por la novela, casi es la mejor elección. A fin de cuentas, es un personaje humano, con sus mezquindades y sus deseos, y que, ante todo, busca sobrevivir en un lugar que le trata de modo inmisericorde.
En resumen, otro gran acierto de Abercrombie. Ahora, a seguir con Medio mundo, el segundo volumen.
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Mapa del mundo donde transcurre la acción.


1: Que son la trilogía de La voz de las espadas, Antes de que los cuelguen y El último argumento de los reyes, más las independientes La mejor venganza, Los héroes y Tierras rojas.
2: Lo que, junto a la prosa amena y directa del escritor, hace que se lea en un suspiro.