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Lo primero que me viene a la cabeza a la hora de hablar de La la land es una pregunta: ¿Se merecía los 7 Globos de Oro que han hecho que se convierta en la más premiada de tal palmarés, provocando todo el hype que lleva consigo? Lamentablemente, no tengo la respuesta. Más que nada, porque no he tenido la ocasión de ver a la casi totalidad del resto de competidoras en las categorías principales.

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Cartel de la película

Lo que sí puedo decir es si me ha gustado o no, y lo cierto es que salí del cine bastante satisfecho con lo que había visto por diferentes motivos, como luego diré.

Eso sí, decir, como se dice, que es un musical… con reservas, si se me permite. A mi juicio, La la land es una película con actuaciones musicales, que no es lo mismo: la cercana en el tiempo Los miserables, por ejemplo, sí es un musical, pues las partes cantadas superan ampliamente a las dialogadas. O, yo qué sé, La pequeña tienda de los horrores. ¿O qué decir de The Rocky horror picture show? Creo que me explico.

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La pareja protagonista.

Los números musicales, ahora bien, son de campanillas. El repertorio de temas es muy bueno, la verdad, una banda sonora muy variada en la que hasta el par de temas de una banda para adolescentes (1) son francamente notables (2). Con bailes, por supuesto. No se dedican a cantar simplemente: hay un trabajo de coreografía que en algunos números es espectacular. Ahí está el impresionante primer número de baile grupal en un atasco angelino, rodado en un único plano secuencia. Boquiabierto me dejó la labor del director haciendo que la cámara se meneara de aquí para allá mientras los números de parkour, baile y acrobacias se sucedían entre los coches.

Y ahí vamos con lo que es algo muy destacable: Damien Chazelle hace una labor tras las cámaras de nota. De nota alta, quiero decir. Maneja los planos en su justa medida, desde los básicos plano/contraplano en conversaciones de la pareja protagonista al uso nada empalagoso de largos planos en movimiento que producen una sensación, en ocasiones, casi vertiginosa. Aplaudo su trabajo.

La actuación: aquí tengo un pero. Y es que, lo siento mucho, pero Ryan Gosling no me gusta.

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Mia, en una fiesta angelina.

Lo veo siempre con la misma cara blanda, casi de pánfilo, sea el personaje que sea el que interprete. Igual da que sea un duro conductor de alquiler para atracadores (3), un marido que busca renovar el amor matrimonial (4) que un apasionado del jazz sensible aunque un tanto misántropo. Tengo que reconocer que los bailecitos que se marca están bien ejecutados, y que cumple cantando, pero a la hora de actuar… de verdad, no me gusta, me parece que está en otro mundo, en vez de interpretando un papel. Otra cosa es Emma Stone, actriz que tiene merecida la fama actual que tiene, que da una profunda humanidad a su personaje a lo largo de la película en los diferentes registros en los que el personaje se mueve, desde la pasión ensoñadora a la responsabilidad madura, con toda la gama intermedia por la que pasa.

Y poco más que hablar de otros personajes: la película pivota por completo en torno a los dos protagonistas, Mia y Sebastian, y el resto de gente son meros comparsas, compañeros de viaje que se bajan en una parada, entre los que destaca solamente, por tener algo más que un par de líneas de diálogo, un “traidor” del jazz, antiguo amigo y compañero de banda de Sebastian, y un personaje que aparece al final de la película y que no diré por no desvelar la trama.

El argumento, que decía antes que es conducido en base a las escenas narrativas/dialogadas y no en base a las actuaciones musicales que, insisto, se insertan en el guión sin problemas, pero que no son imprescindibles para seguir la historia, es muy interesante también. En principio, es el básico, tópico y manido “chico conoce chica” y su relación con los típicos clímax y anticlímax. Pero que nadie se equivoque: vivimos en tiempos un tanto extraños, y la historia clásica se reinventa y tiene un giro que descoloca, otorgando un grado de originalidad al guión. Se produce así una escena de la que no hablaré, pero que, curiosamente, tiene relación… digamos filosófica… con la anterior reseña que hice (5) sobre elecciones vitales. Un argumento que deja algo de sabor amargo al encenderse las luces de la sala, pero que satisface mucho, una historia bien hilada, con un guiño circular, y que homenajea reinventando a la vez las producciones románticas más clásicas.

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Bailando en el muelle.

No hablaré, ya que estamos en la cuestión de los homenajes, de los resabios de los musicales y holliwoodienses de los cincuenta, del vestuario vintage y del ejercicio a veces nostálgico por la llamada edad de oro del cine. Existe, pero para mí no es lo más importante, desde el momento en que creo que toda producción artística bebe en mayor o menor medida de lo que le antecede. La la land tiene esas influencias, de acuerdo, pero tiene suficiente fuerza por sí misma como para no pararme en esas cuestiones.

¿Me dejo algo? Bueno, algo habrá, sin duda, que no se me ocurra, pero creo que he dejado bien clara mi sensación al verla. Es una película que me entretuvo, muy simpática y agradable, optimista pese al giro de guión, muy, como diríamos por mi tierra, “majica” y amable, alejada del mundo alocado, histriónico y macabro en el que vivimos. Por eso mismo, ofrece un buen par de horas de escapismo y diversión que, si bien me defraudó en el punto de no ser un musical puro y duro (6), me agradó como película romántica.

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¡Venga Globos de Oro!

Bola extra: Con respecto al título, o subtítulo, que se le ha dado en España, simplemente me niego a escribirlo siquiera. Llámeseme snob, si se quiere, pero la verdad es que muchas de las traducciones que se hacen en series de TV y cine me parecen, en el mejor de los casos, risibles. Como cada vez que hablo de esto, aconsejo visitar este enlace que me hizo saltar las lágrimas en su día, sobre traducciones de título y comentarios impagables con muy mala leche.

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Bailando entre estrellas. Una escena muy bonita.


1: Tipo de música que, personalmente, me produce… dolor de estómago, para ser suave.

2: Impagable también los dos temas ochenteros que se marcan, los dos únicos, si no me equivoco, no originales de la película.

3: En Drive, de Nicolas Winding Refn.

4: Blue valentine.

5: La crítica del libro Futuros perdidos, de Lisa Tuttle.

5: A mí es que me encantan los musicales, qué se le va a hacer.